Por
mi parte, tenía que decidir si presentarme con Machina, Señor Mecánico
o Millium, Príncipe del palacio de Luz. Ambos mazos funcionan
razonablemente bien, con cartas que generan sinergias que pueden hacerlos
competitivos frente al resto de preconstruidos, aunque después de haber estado
probando el juego con los personajes de cuento de Millium, decidí
que un torneo sería la forma ideal de poner a prueba la capacidad ofensiva de
las tropas del soberano de Leginus. Así que le saqué brillo a mi máscara
metálica, engrasé los engranajes de mis soldados mecánicos y marchamos hacia
Igualada, donde íbamos a sufrir la Ira de R’lyeh (y de Hastur,
todo sea dicho).
Me
presenté en el torneo con una idea clara: para ganar con el mazo preconstruido
de Machina, la estrategia ideal era jugar agresivo, controlar la presencia de
resonadores en la mesa durante los tres primeros turnos y asestar un golpe
devastador empleando el Juicio de Machina, Señor de las Máquinas
(que permite poner en juego tres cartas sin atributo desde la mano) para bajar
al Dragón de Imitación y el Equipo Fuente de Alimentación
y doparlos con la Marcha del Señor de las Máquinas (ganan
“Rapidez” y +300/+300), lo que me permitiría atacar dos veces ese turno con una
criatura voladora 1300/1300. Esa era la teoría, claro. La práctica dice que
coseché una sola victoria, por tres derrotas.
Primera
partida. vs. Daniel (Lunya)
En
la primera ronda el sorteo me sentó frente a Daniel y su preconstruido La
Ira de R’lyeh. Ambos comenzamos la partida con una estrategia bastante
aggro en la que los Soldados Mecánicos y el Duende Mecánico fueron más
solventes que sus cabras y el Emisario de R’lyeh. Sin embargo, la
aparición en la mesa de Hastur, en el tercer turno rompió la
partida antes de que yo ni siquiera tuviera en la mano una Marcha del
Señor de las Máquinas. Gracias a su “Rapidez” ataca tan pronto como pisa
la mesa y, además, le atiza un chispazo de 400 a los Soldados
Mecánicos. 900 puntos de vida menos e inferioridad de resonadores en la
mesa. Sin poder bajar nada más útil (en este momento) que un Equipo de
Fuente de Alimentación, Hastur vuelve contra mí atizándole
un chispazo a mi criatura de coste 3, que sucumbe al recibir los 100
adicionales de su soberano. Así, Daniel se impone con contundencia.
Segunda
partida. vs. David (Mercurius)
La
segunda ronda me retrotrajo a los primeros años de mi adolescencia, cuando con
diez u once años un compañero de Judo me descubrió Magic y tras un par de
partidas pensé que las criaturas voladoras eran la forma más rápida, fácil y
segura de ganar (la madurez es aprender que un Aven ojoagudo es un trozo
de cartón inútil). Para mi rival en la segunda partida, lo fue. Le bastó con un
arranque lento de mi mazo para sembrar la mesa con cuatro criaturas voladoras
(2 Dragones de Hielo de Altea y 2 Astaroth) que
fueron atacando a placer, apartando de sí como una mosca molesta a mi pobre Duende
mecánico y al poco útil –estando tan solo– Dragón de imitación.
Derrota rápida en menos de diez minutos.
Tercera
partida. vs. Adrià (Lunya)
Después
de comenzar un torneo en formato suizo con dos derrotas contundentes piensas:
ahora voy a empezar a jugar con gente de mi nivel, a ver si rasco algún punto.
Pero en frente de me sentó Adrià, otro acólito de la Ira de R’lyeh. Tras
la experiencia de la primera partida sabía que si Hastur bajaba y
permanecía dos turnos en la mesa, no tenía mucho que hacer, así que quise darme
prisa. Pero en el turno tres esa pesadilla del formato preconstruido volvía a
estar en la mesa. Lancé contra ella unos Soldados Mecánicos y a Blancanieves,
valquiria de la pasión en una jugada precipitada. Que fue una mala decisión
lo comprobé un par de turnos más tarde cuando otra Hastur
apareció en la mesa, acompañada además por un canto que le permitía buscar otra
copia y ponerla en su mano. Con dos pastoras de ovejas en la mesa repartiendo
chispazos de 400 cada vez que atacan, para golpearme de 900 y estando en
desventaja numérica, no hubo mucho más que hacer.
Cuarta
partida. vs. Oriol (Valentina)
Era
mi primer torneo de Force of Will y pese a sumar tres derrotas consecutivas,
estaba disfrutando del juego y del buen ambiente, descubriendo el pool de
cartas… En la última ronda los emparejamientos me depararon un duelo contra Valentina,
princesa del amor. Había jugado y perdido contra el preconstruido azul
del Lapis Cluster y ahora me tenía que medir al del bloque anterior. Frente a su
capacidad de control (comparada con la mía) sabía que debía volver a la idea
con la que había salido de casa, repetirme como un mantra que jugaba aggro y
que mi meta era encadenar la secuencia Juicio de Machina, Señor de las
Máquinas, Dragón de Imitación y el Equipo Fuente de
Alimentación y Marcha del Señor de las Máquinas. ¡Y por
primera vez funcionó! Es cierto que Oriol tuvo un arranque lento y que pude
controlar la mesa, para que no hubiese criaturas voladoras cuando el Dragón
de Imitación apareció en el campo de batalla para asestar 2600 puntos
de daño a mi rival en un turno e inclinar la partida, que se decidió en el
turno siguiente.
Conclusión
Después
de las cuatro partidas (con un balance personal de tres derrotas y una
victoria), nuestro anfitrión e impulsor del juego en la Cataluña interior, se proclamó campeón del torneo, jugando el preconstruido de Pricia,
aunque varias conversaciones apuntaban al mazo de Lunya como el
más sólido de los preconstruidos, junto con el de Arla, al que no
llegué a enfrentarme. Los asistentes nos llevamos a casa una carta promocional
de Kaguya en versión “Happy New Year” y… para compensar las tres derrotas, el
azar me recompensó con un sobre by the face cortesía de Dark Nebula.


No hay comentarios:
Publicar un comentario